ARGUMENTO Y ESTRUCTURA

Estructura interna
El Cantar de mio Cid trata el tema del complejo proceso de recuperación
de la honra perdida por el héroe, cuya restauración supondrá una honra
mayor a la de la situación de partida.

El poema se inicia con el destierro del Cid, primer motivo de deshonra,
tras haber sido acusado de robo. Este deshonor supone también el ser
desposeído de sus heredades o posesiones en Vivar y privado de la patria
potestad de su familia.

Tras la conquista de Valencia, gracias al solo valor de su brazo, su
astucia y prudencia, consigue el perdón real y con ello una nueva
heredad, el Señorío de Valencia, que se une a su antiguo solar ya
restituido. Para ratificar su nuevo estatus de señor de vasallos, se
conciertan bodas con linajes del mayor prestigio cuales son los infantes
de Carrión.

Pero paradójicamente, con ello se produce la nueva caída de la honra del
Cid, debido al ultraje de los infantes a las hijas del Cid, que son vejadas,
fustigadas, malheridas y abandonadas en el robledal de Corpes.
Este hecho supone según el derecho medieval el repudio de facto de
estas por parte de los de Carrión. Por ello el Cid decide alegar la nulidad
de estos matrimonios en un juicio presidido por el rey, donde además los
infantes de Carrión queden infamados públicamente y apartados de los
privilegios que antes ostentaban como miembros del séquito real. Por el
contrario, las hijas del Cid conciertan matrimonios con reyes de España,
llegando al máximo ascenso social posible.
Literatura Espaņola
El Mio Cid
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Las hijas del Cid (Ignacio Pinazo)
Así, la estructura interna está determinada por unas curvas de obtención–pérdida–restauración–pérdida–restauración de la honra del
héroe. En un primer momento, que el texto no refleja, el Cid es un buen caballero vasallo de su rey, honrado y con heredades en Vivar.
El destierro con que se inicia el poema es la pérdida, y la primera restauración, el perdón real y las bodas de las hijas del Cid con
grandes nobles. La segunda curva se iniciaría con la pérdida de la honra de sus hijas y terminaría con la reparación mediante el juicio y
las bodas con reyes de España. Pero la curva segunda supera en amplitud y alcanza mayor altura que la primera.

Estructura externa
Los editores del texto, desde la edición de Menéndez Pidal de 1913, lo han dividido en tres cantares. Podría reflejar las tres sesiones en
que el autor considera conveniente que el juglar recite la gesta. Parece confirmarlo así el texto al separar una parte de otra con las
palabras: «aquís conpieça la gesta de mio Çid el de Bivar» (v. 1085), y otra más adelante cuando dice: «Las coplas deste cantar aquís
van acabando» (v. 2776).

Primer cantar. Cantar del destierro (vv. 1–1084)
El Cid ha sido desterrado de Castilla por el rey Alfonso Vl. Debe abandonar a su esposa e hijas, a quienes deja a la protección del abad
del monasterio de San Pedro de Cardeña, e inicia una campaña militar acompañado de sus fieles en tierras no cristianas, enviando un
presente al rey tras cada victoria para conseguir el favor real.

Segundo cantar. Cantar de las bodas (vv. 1085–2277)
El Cid se dirige a Valencia, en poder de los moros, y logra conquistar la ciudad. Envía a su amigo y mano derecha Álvar Fáñez a la
corte de Castilla con nuevos regalos para el rey, pidiéndole que se le permita reunirse con su familia en Valencia. El rey accede a esta
petición, e incluso le perdona y levanta el castigo que pesaba sobre el Campeador y sus hombres. La fortuna del Cid hace que los
infantes de Carrión pidan en matrimonio a doña Elvira y doña Sol. El rey pide al Campeador que acceda al matrimonio y él lo hace
aunque no confía en ellos. Las bodas se celebran solemnemente.

Tercer cantar. Cantar de la afrenta de Corpes (vv. 2278–3730)
Los infantes de Carrión muestran pronto su cobardía, primero ante un león que se escapa y del que huyen despavoridos, después en la
lucha contra los árabes. Sintiéndose humillados, los infantes deciden vengarse. Para ello emprenden un viaje hacia Carrión con sus
esposas y, al llegar al robledo de Corpes, las azotan y las abandonan dejándolas desfallecidas. El Cid ha sido deshonrado y pide justicia
al rey. El juicio culmina con el «riepto» o duelo en el que los representantes de la causa del Cid vencen a los infantes. Estos quedan
deshonrados y se anulan sus bodas. El poema termina con el proyecto de boda entre las hijas del Cid y los infantes de Navarra y
Aragón.
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Las hijas del Cid de Ignacio Pinazo,
1879. Doña Elvira y doña Sol aparecen
atadas en el robledo de Corpes tras ser
vejadas por sus esposos, los infantes de
Carrión.