Literatura Espaņola
El Mester de Clerecía
Cronología
El Mester de Clerecía es propio de los siglos XIII y XIV, aunque en el siglo XV todavía aparecen obras epigonales inspiradas en
esta escuela. Las primeras producciones de este movimiento fueron el Libro de Apolonio y el Libro de Alexandre, en cuya
segunda estrofa se explicita el manifiesto de esta nueva escuela poética:


Mester traigo fermoso non es de juglaría
mester es sin pecado, ca es de clerecía,
fablar curso rimado por la cuaderna vía
a sílabas cunctadas, ca es grant maestría.

Libro de Alexandre, segunda estrofa

Gonzalo de Berceo, principal autor de esta escuela, siguió principalmente el modelo propuesto por la obra maestra del género, el
Libro de Aleixandre, que incluso pudo componer él mismo o un tal Juan Lorenzo de Astorga. Se educó en los estudios generales
(antecedente de las modernas universidades) de Palencia, donde adquirió una sólida cultura. No fue fraile, como se suele creer,
sino clérigo y notario eclesiástico de los monasterios de Santo Domingo de Silos y San Millán de la Cogolla, y compuso sus
poemas hagiográficos con la intención, más práctica que piadosa, de fomentar las peregrinaciones a las reliquias que se veneraban
en ambos lugares. Los autores de la cuaderna vía (quadrivium) quisieron desmarcarse de la métrica irregular del mester de
juglaría, pero recurrieron a veces a sus recursos de estilo para poder ser entendidos, ya que la elevada materia que trataban les
exigía civilizar el lenguaje e introducir numerosos cultismos enrareciendo la lengua popular. El mester de Clerecía es, pues, una de
las tres grandes escuelas literarias de entre los siglos XIII y XIV, además del Mester de Juglaría y el Mester de Cortesía.

Una evolución ulterior del mester de clerecía en el siglo XIV procuró renovar algo la monótona estrofa de la cuaderna vía con
ocasionales versos de quince o dieciséis sílabas, en los que aparecen hemistiquios de ocho, o incluso estrofas enteras de dieciséis
sílabas; por otra parte se intercalan además composiciones en zéjel, o se recurre, siempre con la intención de aliviar la monotonía
métrica, a las rimas internas en los hemistiquios, lo que fue una contribución de Sem Tob; por otra parte se renovaron también
los temas añadiéndose los profanos a los religiosos y morales. Se alcanzó una mayor individualidad artística recurriéndose, al
contrario que en el siglo anterior, a algunas fuentes propias y a la experiencia del autor, que empieza a ser artista en vez de
artesano. Las fuentes se manejan con mayor libertad y ya no se traducen y amplifican servilmente. Es más, se añadió cierta
crítica social consecuente con las tensiones que estaban disolviendo la Edad Media y que provenían en última instancia del
desarrollo de la burguesía; así se deja ver en la sátiras contra el poder igualador del dinero que permite quebrar las barreras entre
estamentos que hace Juan Ruiz en su Libro de buen amor, o la invectiva contra los mercaderes que engañan para enriquecerse
que se contiene en el Rimado de Palacio del canciller Pedro López de Ayala.

Por último, en el siglo XV se generaliza la cuaderna vía de versos de dieciséis sílabas, se abandonan las innovaciones métricas y
se vuelve a los temas morales y religiosos de la primera época.
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