El Poema

Se ha planteado el problema de la unidad estructural de la obra, ya que la
trama se ve interrumpida por numerosos, diversos y variados episodios,
algunos tan extensos como el de la guerra de Troya, que podrían
considerarse como poemas autónomos en sí mismos y que de hecho
incluso han sido editados separadamente como tales. Pero ahora hoy se
interpreta como una sutileza estructural que no perturba la cohesión
temática y estructural del texto ni su intención moral última, y sirve
además para situarlo por encima del resto de obras medievales sobre el
tema; su unidad viene dada precisamente por el modo como se entretejen
los temas y episodios, procedimiento tan común en la época como la
narración lineal. Lo que, en apariencia, son digresiones, sirven en realidad
para realzar temas fundamentales como la ruina de la grandeza humana, la
disolución del carácter del protagonista y las maquinaciones de traición.
En la Edad Media el saber se entiende por acumulación y la vuelta al
pasado implica frenar el proceso de la ambición, que es degeneración
humana. Los anacronismos son conscientes porque el autor no busca el
reflejo de la realidad histórica, sino que observa el mundo clásico con ojos
medievales: el medievo tiene una visión despiezadora del mundo clásico,
como cantera de materiales para reforzar la autoridad indiscutida del
mundo moral cristiano; en eso es semejante al uso que hizo Santo Tomás
de Aristóteles.

La obra se divide en tres partes:

1. Presentación del héroe y aprendizaje. Descubre el carácter del héroe y
presenta el mundo en que se realiza su formación, lo que permitirá
comprender su comportamiento a lo largo de su vida. Narra los grandes
prodigios que tienen lugar cuando nace, su educación por Aristóteles, su
gran inteligencia, la ira que le corroe cuando advierte que los reyes de
Grecia son tributarios del rey persa Darío III, su ambición de sacudir ese
yugo y cómo es armado caballero y se niega a pagar el tributo a Darío.

2. Ascenso. Se ponen de manifiesto los trabajos que habrá de padecer
hasta conseguir su hegemonía en el mundo. Primeras batallas; muerto
Filipo II, accede al trono y unifica Grecia conquistando Atenas, Tebas y
Corinto. Marcha a Persia y obtiene varias victorias antes de enfrentarse
directamente con Darío.
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Literatura Espaņola
Libro de Alexandre
Alejandro Magno en submarino
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Alejandro descendiendo en un artefacto submarino.
Miniatura del Roman d'Alexandre, Oxford, Bodleian
Library, ms.264, fol. 50r. Iluminado por Jehan de Grise y
su taller, 1338-1344. Alejandro Magno, en el Libro de
Alexandre y en varias de sus fuentes, en su afán de
conquista va más allá del mundo natural y explora lo
desconocido, volando con ayuda de grifos o descendiendo
a las profundidades marinas, como en la imagen, mediante
un artefacto que prefigura el submarino. Este afán
desmedido de trasponer los límites inexplorados por el
hombre hace que el autor del Alexandre se debata entre la
admiración que profesa por el héroe macedonio, como
intelectual, y la condena por su pecado de soberbia, como
clérigo que está obligado a instruir en la filosofía moral.
3. Máximo poder y caída. Relato de su conquista del máximo poder sobre la tierra: lucha contra Darío, conquista de Babilonia, Susa,
Usión, Persépolis. Muerte de Darío a manos de los traidores Narbazanes y Bessus; honras fúnebres que le dispensa Alejandro y ejecución
de sus asesinos; conquista de la India: vence a Poro y se proclama dueño y señor de la mayor parte del mundo conocido; pero no se
contenta con eso, quiere dominar no sólo la tierra, sino el aire y el mar; su fulminante caída posterior, envenenado por el traidor Jobas;
esto da pie a una serie de moralizaciones finales sobre la vanidad de las honras mundanas que entroncan con el problema de la visión del
mundo y el significado final de la obra.

El poeta condena a su héroe. Alejandro fracasa porque no es capaz de vencerse a sí mismo moralmente. Lejos de poseer un móvil épico,
Alejandro se mueve por una búsqueda de conocimiento, un afán de sabiduría y no de posesión o de poder; en su combinación de
clérigo/caballero, Alejandro comete el error de dirigir su conocimiento hacia el exterior en vez de hacia sí mismo, lo que sin duda no es
un pensamiento religioso ni moral; en su renuncia a la búsqueda del conocimiento de sí mismo, a Alejandro, personificación del mundo
pagano, le falta el elemento moral: el mundo tiene forma de hombre y el hombre es un pequeño mundo; el resultado normal sería ver su
lugar en el mismo, encontrarse en él y ver su relación con su creador. Los paganos fueron incapaces de conocerse a sí mismos, como
hizo el rey del otro mundo, Jesucristo. Alejandro sirve, pues, como ejemplo de la vanidad de las cosas de este mundo:

Alexandre, que era rëy de grant poder,
que en mares nin tierra non podíe caber,
en una foya hovo en cabo a caer
que non pudo de término doze piedes tener.

Jesús Cañas Murillo señala como temas dominantes la traición, la soberbia y el menosprecio del mundo; todos ellos confluyen sobre el
protagonista, que muere traicionado, peca de soberbia y renuncia en su agonía a las glorias mundanas; estos tres temas se proyectan
también sobre los otros personajes de la obra. El poeta insiste especialmente en el poder absoluto de Dios y en los rasgos inescrutables de
la Providencia, que rige el destino de cualquier hombre por poderoso que sea; Darío ya fue un Alejandro y pereció como él. Por otro
parte, la excelencia del poema proviene de la perfecta unión de sus partes en un conjunto sólido que aúna en proporciones justas el cantar
de gesta, el libro de caballerías y el poema didáctico; se alternan los hábiles pasajes narrativos, las numerosas y magistrales
descripciones, las leyendas amenísimas, las epístolas y arengas, la imbricación exquisita entre erudición y lirismo... En suma, es una de
las primeras obras maestras de la literatura castellana.